El ‘bitcoin’ y la ‘blockchain’

¿Funciona y se utiliza realmente el bitcoin? ¿Qué implicaciones tendría la generalización de su uso y qué tecnología lo sustenta? ¿Quién está tras su creación? Todas estas incógnitas pretendemos resolver en el Aula Encuentros Bitcoin y Blockchain con la ayuda de Manuel González-Meneses. “El tema daría para miles de sesiones. Mi objetivo hoy es dar una conferencia divulgativa”. La declaración de intenciones de nuestro ponente responde al variado público que llena este aula: juristas, magistrados, periodistas, representantes de fundaciones, emprendedores.

González-Meneses, que es notario, escritor y estudioso del bitcoin, la moneda digital, la criptomoneda nacida allá por 2009, lanza claves que nos sirven para empezar a construirnos una certera noción de la materia. “Lo importante es la plataforma tecnológica que permite utilizar la divisa, no la divisa en sí, aunque el concepto sobre el que se sustenta el bitcoin (BTC), su ideología, es independiente de la tecnología que lo apoya”. “Como dinero al margen de las autoridades estatales afecta de lleno a la propia soberanía de los países, a su núcleo. La desafía”. “Elimina los intermediarios, permitiendo pagos directos entre usuarios, con la única necesidad de su anotación en un registro. No hay contraparte. Los bancos quedan excluidos”.

Y así comenzamos a adentrarnos en este universo que ya es imprescindible conocer, con implicaciones, por supuesto, legales, pero también con otras muchas igualmente trascendentales. Primera lección: el BTC se basa en el sistema de transferencia de información P2P, peer-to-peer, red de pares, red entre iguales. Red de ordenadores interconectados en la que todos se comportan como miembros en igualdad, actuando como nodos clientes y nodos servidores simultáneamente, que emiten y reciben, comparten e intercambian información directamente entre ellos. Y esto se traduce en la descentralización de nuestra moneda, en su independencia respecto de entidades financieras y gobiernos, de emisores centrales.

Este sistema peer-to-peer de confianza entre usuarios de bitcoins, de consenso mayoritario compartido, se rige por fórmulas matemáticas: la fiabilidad de las comunicaciones queda establecida por algoritmos numéricos. Y la tecnología que le da forma es la blockchain, BC, cadena de bloques. Una base de datos distribuida, integrada por cadenas de bloques diseñadas para evitar su modificación tras la publicación de un dato, a través de un sellado confiable que enlaza un bloque nuevo al bloque anterior. “Es un dinero fiduciario en el sentido más extremo de la palabra: depende de la confianza del resto”, asegura nuestro experto.

Lección dos. Las transacciones únicamente son válidas si quedan registradas, si se anotan en el libro de contabilidad. Para explicarlo, González-Meneses recurre al idealcoin, “un experimento mental para reinventar el dinero” que despoja de artificios al concepto para hacerlo más comprensible. Ser propietario o titular de bitcoins significa poder lanzar un mensaje, poder ser emisor de información susceptible de ser anotada en el registro. Estos mensajes, los pagos, son irreversibles, una vez registrados no hay marcha atrás, existiendo una trazabilidad absoluta de los movimientos, del dinero.

Y así alcanzamos la tercera de las lecciones: el BTC es una criptomoneda, todo lo que se permite hacer con este dinero está esencialmente vinculado al conocimiento de claves privadas de encriptación. Las comunicaciones utilizan la encriptación asimétrica, dos claves matemáticas enlazadas, y el hash, función matemática que, aplicada sobre un archivo digital cualquiera, lo transforma en una secuencia de dígitos, y sobre un mismo archivo, siempre en un mismo número, permitiendo detectar alteraciones en el archivo original, para así asegurar la integridad de la transacción y del propio registro. El hash o hashing posibilita, en la propia estructura BC, la identificación univoca de las operaciones y controla el contenido de cada bloque, su encadenamiento formando series de seguridad creciente. Porque, en último término, la blockchain no es más que una cadena de hashes, o una cadena de hashes de hashes.

Cada uno de los bloques estará formado, así, por un encabezamiento, que es el hash del bloque anterior, más el hash raíz de las transacciones del bloque, más el nonce, unos bits que funcionan como números de seguridad. Y, por último, un texto correspondiente a las transacciones del bloque. La cadena más larga de blockchains será la que tenga más adhesiones y, por tanto, la que concentre más consenso, la más segura. Se calcula que cada diez minutos se cierra un nuevo bloque blockchain, que arroja al sistema 12,5 bitcoins nuevos. Serán 21 millones de BT en el año 2140.

No existe ningún control sobre la identidad personal que está detrás de cada par de claves, de esas dos claves enlazadas que protegen el bitcoin, ya que el registro de usuarios y la asignación de las claves se realiza de modo descentralizado y privado. Nuestra dirección de BTC será el hash de la clave pública generada al registrarnos. Y para disponer del dinero deberemos conocer la clave privada correspondiente, la clave con la que autentificamos los mensajes emitidos, con la que estos se encriptan. Si olvidamos esta clave privada no podremos, ni nosotros ni nadie, hacer uso de los bitcoins que nos han transferido. Y, del mismo modo, “basta con saber la clave privada para poderlo hacer todo, aunque sea ilegítimamente”, alerta González-Meneses.

Internet es el último de los conceptos que definen la digitalización del proceso, junto a las matemáticas y la informática. La Red de redes es imprescindible para la generación y uso de nuestra moneda, distando del modelo analógico idealcoin, utilizado por el ponente en algunas de sus explicaciones. Se exige un registro único y cronológico de todas las transacciones que se produzcan, que no requiere del conocimiento de transacciones previas, inputs ya anotados. De este modo, el usuario que ordena una transacción la comunica a la red, que la difunde a gran velocidad a través de usuarios que operan como nodos y a través de unos nodos específicos, los denominados mineros, que no sólo retransmiten las transacciones comunicadas sino que además las agrupan y validan formando bloques, los bloques BC.

Hay muchas otras lecciones sobre esta moneda y su tecnología que, como adelantó González-Meneses, no daría tiempo a desgranar en este foro. Su recién publicado libro, ‘Entender Blockchain. Una introducción a la tecnología de registro distribuido’ (Aranzadi, 2017), las contiene todas. Por ejemplo, las implicaciones políticas y económicas del auge del bitcoin, el significado jurídico y las aplicaciones de la blockchain más allá del BTC o la normativa que afecta a la creación y utilización de la cibermoneda, incluida la propuesta de la Comisión Europea para modificar una directiva del Parlamento y el Consejo europeos sobre la prevención de la utilización del sistema financiero en el blanqueo de capitales o en la financiación del terrorismo.

Inauguramos el debate de nuestro Encuentro, y se suceden las voces que apuntan al miedo de la banca de quedarse atrás, a las múltiples ventajas del sistema BTC, al mundo nuevo que este abre. Y se apunta a un mercado idóneo para el desarrollo del bitcoin, África, con más móviles que cuentas bancarias. “Seguiremos tratando este tema, amplio e interesantísimo, en otras sesiones del Aula Encuentros”, adelanta Patricia Gabeiras, moderadora de esta charla y socia fundadora de Gabeiras & Asociados, despacho del que bebe el Aula de Gabeiras, ese espacio ideado para la conversación tan pausada como provocadora que promueve, siempre, el intercambio, el cambio, la acción, la innovación.